Paulo Henriques Britto
Espiral
La noche es un murciélago manso
sobrevolando una ciudad casi adormecida,
tomando cada calle, cada casa,
como un olor dulzón de fruta
casi podrida que penetrase una casa,
entrase en cada cuarto, en cada sala,
como olor tenue de cosa muerta
que se diseminó hace bien poco
por una ciudad casi anquilosada,
como una noche descendiendo sobre casas
muertas, como una peste, como si
nunca hubiese habido día.
La noche es un murciélago muerto.
Mínima poética – IV
No decirlo todo, que eso no se hace,
ni nada, lo que sería imposible;
decir solo todo lo que es sobrante
para callar y menos que indecible.
Decir solo lo que de no decirlo
sería una especie de mentira:
hablar, no por hablar, sino para vivir,
hablar (o escribir) como quien respira.
Decir tan solo lo que no repita
la textura del mundo vaciado:
sí, escribir, pero hacerlo con tinta;
pintar, pero no como aquel que pinta
de blanco el muro que ya fue encalado;
sí, escribir, pero sin caligrafía.
Siete estudios para la mano izquierda
II
Existe un rumbo que las palabras toman
como si alguna mano las dibujase
en la blanca expectativa del papel
y sin embargo siguiesen pura y simplemente
la música de las cosas y los nombres
el canto irrecusable de lo real.
Y en esa trayectoria inesperada
la carne se hace verbo en cada esquina
resuélvase completa en tinta y sílaba
en súbitas bocanadas de sentido.
Tú asistes de lejos al espectáculo.
No reconoces los fuegos de artificio,
las notas que atragantan tus oídos.
No obstante, relees. Y dices: ¡Fijo!
Siete sonetos simétricos
V
Tan limitado, estar ahora y aquí
sin poder salir de dentro de si
dentro de un espacio mínimo que a duras penas
se consigue explorar, ese minúsculo
imperio sin territorio, Macao
siempre a merced del latido de un músculo.
¿Lo amo o lo dejo? Sí: aunque amar
por falta de opción (la otra es el asco).
Que más allá de sus orillas hay un mar
hostil a toda nave exploratoria,
inmune incluso al más osado Vasco.
Porque ningún descubridor en la historia
(¿y alguien lo intentó?) jamás se desprendió
del puerto húmedo e ínfimo del yo.
[Josep Domènech Ponsatí]
Paulo Henriques Britto [Río de Janeiro, 1951] explora la
precisión del lenguaje, la ironía y las paradojas. Con rigor y sutil
humor, dialoga con la tradición y renueva la expresión lírica mediante
reflexión e inteligencia verbal.
