Manoel de Barros
Soberanía
Aquel día, en medio de la cena, conté que había intentado
asir la cola del viento – pero el culo del viento
resbalaba y no pude atraparlo. Tendría
siete años.
Mamá sonrió cariñosamente y no dijo nada.
Mis hermanos rieron a carcajadas burlándose.
Mi papá quedó preocupado y dijo que yo había tenido
un desvarío de la imaginación. Y que esos desvaríos
se acabarían con el estudio. Y me mandó a estudiar libros.
Vine. Después leí algunos tomos que había en la
biblioteca del colegio.
Y me puse a estudiar con determinación.
Aprendí la teoría de las ideas y de la razón pura.
Especulé con los filósofos y llegué a los eruditos.
A los hombres de gran saber.
Encontré que los eruditos en sus altas
abstracciones se olvidaban de las cosas simples del mundo.
Fue ahí que encontré a Einstein (él mismo – Alberto
Einstein). Que me enseñó esta frase: La imaginación es
más importante que el saber.
¡Quedé elevado! E hice una broma.
Puse un poco de inocencia en la erudición.
Y salió bien. Mi ojo comenzó a ver de
nuevo las pobres cosas del suelo meadas de rocío.
Y vi a las mariposas. Y medité sobre las mariposas.
Vi que ellas dominan lo más leve sin precisar tener
ningún motor en el cuerpo. (¡Esa ingeniería de Dios!).
Y vi que ellas pueden posarse en las flores
y en las piedras sin lastimarse las propias alas.
Y vi que el hombre no tiene soberanía ni para ser un benteveo.
[José Ioskyn]
Melenudo
Cuando mi abuela me recibió en las vacaciones,
me presentó a sus amigos: este es mi nieto.
Fue a estudiar a Río y volvió de ateo.
Dijo que volví de ateo.
Aquella preposición desubicada me disfrazaba de ateo.
Como quien dijera en Carnaval:
aquel chico está disfrazado de payaso.
Mi abuela entendía de regímenes verbales.
Hablaba en serio. Pero todo el mundo se rio.
Porque aquella preposición desubicada
podía hacer de una información un chiste.
Y lo hizo. Y todavía más: creo
que buscar la belleza en las palabras
es una solemnidad de amor.
Y puede ser un instrumento para reír.
Una vez, en medio de un partido,
un chico gritó: deselimina a ese, Melenudo.
Yo no deseliminé a nadie.
Pero aquel verbo nuevo trajo un perfume
de poesía a nuestra cuadra.
Aprendí en esas vacaciones a jugar con palabras
más que a trabajar con ellas.
Comencé a no gustar de la palabra encajonada.
Aquella que no puede cambiar de lugar.
Aprendí a gustar de las palabras más por cómo
suenan que por lo que informan.
Después escuché a un vaquero cantar con nostalgia:
Ay, morena,
no me escribas
que no sé leer.
Aquello antepuesto al verbo leer, en mi oír,
ampliaba la soledad del vaquero.
[José Ioskyn]
Mosca colgada
Una mosca colgada en la vera de un rebosadero
me parece más importante que una joya pendiente.
Los pequeños envoltorios para momias de pajaritos
que los antiguos egipcios hacían me parecen
más importantes que el sarcófago de Tutankamón.
El hombre que dejó la vida por sentirse una cloaca
me parece más importante que una Central Nuclear.
Es decir, el culo de una hormiga es también mucho más
importante que una Central Nuclear.
Las cosas que no tienen dimensiones son muy importantes.
Así que el pájaro tu-yo-yu es más importante por sus
pronombres que por su tamaño al crecer.
Es en lo ínfimo que yo veo la exuberancia.
[Adriandos Delima]
Aprendo con las abejas más que con los aeroplanos.
Aprendo con las abejas más que con los aeroplanos.
Es un mirar hacia abajo que yo nací teniendo.
Es un mirar para el ser menor, para lo
insignificante que yo crecí teniendo.
El ser que en la sociedad es pateado como una
cucaracha – crece en importancia para mi ojo.
Aun no entiendo por qué heredé ese mirar hacia abajo.
Siempre imagino que viene de ancestralidades lastimadas.
Fui criado en el monte y aprendí a gustar de las cositas del suelo–
Antes que de las cosas celestiales.
Las personas que hacen parte del abandono me conmueven:
tanto como las soberbias cosas ínfimas.
[Indira Díaz]
Manoel de Barros [Cuibá, 1916-2014] celebra lo humilde, lo inútil
y la naturaleza. Con imaginación desbordante, transforma objetos
comunes, animales y paisajes en revelaciones poéticas, renovando el
lenguaje mediante metáforas sorprendentes, humor, inocencia y libertad
creadora.
