Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard en Palma de Mallorca 1960

Dos poemas inéditos de Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard

La corrida, por Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard

Cuaderno de hacer cuentas, el gran poema de I. E. Urdaneta de Brigard

Ignacio Escobar:
historia y verdad

Hace poco una funcionaria de la Biblioteca de La Candelaria descubrió en la sección de “Legados, manuscritos, libros raros y curiosos”, que creara Ignacio Rodriguez Guerrero, --el erudito nariñense experto en Aurelio Martinez Mutis--, lo que podría ser el testamento poético y literario más relevante de las últimas décadas en Colombia. Se trata de siete cuadernos debidamente organizados y empastados que contienen poemas, textos, artículos, cuentos infantiles y entrevistas (algunas de ellas inéditas) del poeta bogotano Ignacio Escobar, el último y más tímido miembro de la Generación Desencantada.

 Ignacio Escobar fue un tipo raro. Quiénes tuvieron la fortuna de conocerlo dicen que era hosco y de mal genio. Que espantaba a los periodistas a escopetazos desde la ventana de su apartamento de Chapinero. Otros dicen que era un moralista desilusionado que, al volver de su largo viaje por Europa (donde se nutrió del existencialismo sartriano), encontró que el aire de su tiempo estaba enrarecido por los discursos políticos de la izquierda revolucionaria. Una izquierda estéril que se difuminaba en discusiones de café y en panfletos que condenaban por igual la guerra de Vietnam y la literatura verbosa y evasiva que no explicaba asuntos esenciales como la obtención de la plusvalía y el endeudamiento externo. 

Sus amigos más cercanos dicen que Nacho fue un poeta introvertido, que en sus últimos años se había encerrado en su habitación con un vaso de whisky, varias cajetillas de Pielroja y las obras completas de Henry de Montherlant. Allí escribió la mayor parte de su literatura que ahora reposa en la Biblioteca de La Candelaria. Su actividad poética fue muy reservada. Algunos poemas suyos fueron publicados en revistas y periódicos colombianos a finales de la década del setenta, sin embargo, su temperamento recio y su fama de huraño hizo difícil una difusión más amplia. Pero ahora las cosas pueden cambiar. El hallazgo en la Biblioteca de La Candelaria de los siete cuadernos con poemas, artículos y entrevistas inéditas servirá para ubicar a Ignacio Escobar en su exacta dimensión humana y estética.  

Escobar fue un poeta contemplativo. Pero no a la manera de los poetas japoneses del Haikai-no-Renga  en el siglo XVII sino como proponía Miguel de Montein, mediante la abolición de la voluntad para alcanzar la perfección. Por eso Escobar nunca salía de su cama. Nunca iba a cine porque veía una contradicción repulsiva para el intelecto en el hecho de levantarse para ir al cinematógrafo. Odiaba la poesía de circunstancias, porque según él, pasada la circunstancia, pasa el poema. Introdujo en la poesía colombiana la hondura filosófica, contradijo el automatismo y concibió un poema que evitaba todo malabarismo verbal, toda estridencia lírica. Y esto lo distanció de la resaca municipal de los poetas del Nadaísmo. Decía, por ejemplo, en uno de sus poemas: 

No guarda el agua inmóvil del espejo
memoria de la forma: el movimiento
pasa y vuelve a pasar en el recuerdo
quieto de una quietud que fue reflejo

 Una oración contemplativa, de poeta místico urbano. Escobar fue, contradictoriamente, un moralista sin fe. La poesía fue su verdadera religión. Admiraba la perfección del Padrenuestro porque allí “no hay un solo adjetivo”. Y decía, desde la altura de  su lucidez, “la poesía sirve para decir las cosas que no se pueden decir de otra manera”. En una época cuando el ruido ensordecedor de la poesía de campanario dominaba el escenario nacional y los partidos tradicionales se alternaban en el poder en un acuerdo criminal que dejó como saldo más de 300.000 muertos, Escobar y su poética fueron rara avis.

Dije más arriba que Escobar era un poeta, místico, contemplativo. Pero sería mejor compararlo con un toro. Un toro manso y difícil de torear. En el ruedo de su vida, Escobar no se dejó torear de nadie. Ni de los picadores (del Partido Comunista), ni de los banderilleros (a sueldo del régimen), ni de los espontáneos (de la delincuencia común). Escobar fue un toro manso y cuando por fin se decidió a  salir (porque fue obligado a salir) llegó el matador de turno y le dio la estocada final. Escobar fue  asesinado por militares en un pueblo vecino de Bogotá y presentado luego en la televisión como un guerrillero que preparaba una insurrección armada contra el gobierno ilegítimo de Misael Pastrana. Los falsos positivos vienen de entonces. Un poema suyo fue interpretado como un documento subversivo con consignas en clave y por más de una década la obra literaria de Ignacio Escobar fue suprimida de los textos escolares y de la historia de la poesía colombiana confeccionados con dineros públicos. No fue suficiente su asesinato, también querían borrar su memoria estética.

Este número de Arquitrave tiene el mérito insuperable de presentar a sus lectores y al país la verdadera leyenda del más grande poeta colombiano del siglo XX, con la publicación por vez primera de su extenso Cuadernos de hacer cuentas, un ensayo del prestigioso crítico español Umberto Cobo, otro del enigmático Daniel Ferreira y un fragmento de las memorias del narrador más célebre de su tiempo, Hernán Toro, acerca del encuentro de los grandes músicos del siglo pasado, Richie Rey y Bobby Cruz, con Escobar, en un cuchitril de la Capital del Cielo a mediados de los años sesenta, donde contrajo la peste de escuchar, los meses finales de su vida, sólo las brutales descargas de los puertorriqueños en un magnetófono Grundig Tk 245 Deluxe con tres mil pies de salsa. Y una primicia: dos de sus poemas inéditos, encontrados en una de las carpetas que los verdugos crearon en los interrogatorios en las viejas dependencias del Servicio de Inteligencia Colombiano [SIC] y que Andrés Holguín y Caro había recuperado para incluirlos en su Antología critica de la poesía colombiana cuando el Centenario del Banco de Colombia.

La más prestigiosa editorial de Francia, cuyo nombre nos reservamos, anuncia la publicación, a finales del año, de L'Oeuvre Complète de Escobar Urdaneta de Brigard. Sólo Jorge Luis Borges le ha precedido. Escobar vaut le voyage, como dijo Drieu la Rochelle a bordo del Atlantique. Et tout le  reste est literature.

Renson Said de Levítico y Vergara
Sheraton, 
Barra da Tijuca,  Marzo 20 de 2009.