Cuatro poemas

Dionisio Cañas


 

Un palestino muerto me dicta estas palabras

Besando el esqueleto de tu amor,

has vuelto a renacer.

De tus cenizas florecen las palabras,

con su barro haces poemas que no mienten.

Tu cráneo vuela y atraviesa el aire.

Sale el sol entre los huesos vacíos de tus manos.

No hay sangre ni tinta para escribir

sobre el lienzo de lino que te envuelve

cubierto por la tierra de tus padres.

Te han cerrado la boca con su olvido,

decían ellos, pero tú no te das por vencido,

 eres Mahmud Darwish y dijiste “aquí estamos cerca de allí”.

Tú recoges tus huesos, te levantas, empiezas a andar

y con los restos de tu vida escribes

el poema que tanto deseabas.

 

 Miel de Alepo, sangre de Siria

  A alguien dije: “Quiero aprender árabe para soñar en tu lengua”.

 Y luego: “Sólo me haré musulmán por el amor de un hombre”.

Y luego: “Oigo la voz de un palestino muerto que me llama”.

Alguien dijo: “Las abejas de Alepo siguen libando

el néctar de las flores a pesar del horror de la guerra”.

Y escuché un canto, un llanto sin nombre,

una música imprecisa que salía de la tierra,

y luego Abu Nasr al-Farabi dijo:

“Para el hombre digno siempre habrá un refugio en la tierra,

lejos de la maldad, y en el planeta siempre existirá

un lugar apartado para quien teme el odio y la guerra”.

Y luego: “Tragando tierra por la tierra voy”.

“Miel de Alepo, sangre de Siria”, alguien dijo; 

y en Jerusalén lloramos juntos

frente al Muro de las Lamentaciones.

 

  

¡Que estalle el corazón de Europa!

¡Oh, Siria, por qué nadie te llora!

En Alepo florecen los almendros teñidos de sangre.

¡Oh, Siria, por qué nadie te llora!

Por las calles de Alepo los niños juegan con su muerte

y aquí nadie los llora.

¡Oh, Siria, por qué nadie te llora!

El viejo continente se desvive por salvar a sus bancos

y a ti nadie te llora.

¡Oh Siria por qué nadie te llora!

“Imposible que alguien hable desde Europa

sin que sea desde la vergüenza y el llanto”.

¡Oh, Siria, por qué hemos llegado

a este oscuro silencio de una Europa sin corazón

mientras tú te desangras!

¡Oh, Siria, por qué nadie te llora!

“A veces es preciso que estalle el corazón del mundo

para poder alcanzar una vida más alta.”

 ¡Pero a Siria nadie la llora!

Y escribe claro el más oscuro de los dioses,

tu yo europeo, que no es tuyo sino del viento

y de la sangre en las manos de un padre

en las calles de Alepo.


Como bolsa de plástico en el aire

 Con dentadura de oro

muerde la muerte

el pan nuestro de cada día.

En nuestra casa el vacío de siempre:

alfombra negra sobre suelo negro,

paredes negras bajo techo negro.

 Resignados amamos al prójimo

como a nosotros mismos.

Odiamos el olor de los inviernos y,

sin embargo,

la primavera puede elevarnos

como bolsa de plástico en el aire.

 Cielo, tierra, casa, todo nos es ya ajeno.

Hemos llegado al final del camino

donde no había una luz esperando

sino una oscuridad brillante.

 Ahora el almendro mortal,

floreciendo, 

y nuestro nombre

grabado en mármol negro

con dentadura de plomo

como si nadie

nos hubiera conocido.

 

Dionisio Cañas nació en Tomelloso (Ciudad Rea, España) en el año 1949. Vivió en Francia nueve años y residió en Nueva York desde finales de 1972 hasta el 2005. Fue profesor en la City University of New York . Sus libros más recientes de poesía son: El fin de las razas felices (1981), El gran criminal (1997) Corazón de perro (2002), En caso de incendio (2005), Videopoemas 2002-2006 (2007), Y empezó a no hablar (2008) y Lugar.  Antología y nuevos poemas, edición de Manuel Juliá (2010). También ha publicado varios libros de ensayos: Poesía y percepción (1984), El poeta y la ciudad: Nueva York y los escritores hispanos(1994), Memorias de un mirón. Voyeurismo y sociedad (2002) y, en colaboración con Carlos González Tardón, ¿Puede un computador escribir un poema de amor? Tecnorromanticismo y poesía electrónica (2010). Los poemas inéditos  que aquí se publican son de Los libros suicidas (Horizonte árabe), volumen que saldrá en la editorial Hiperión, Madrid, España, en el otoño del 2014.