Alejado de los corrillos literarios e inédito, Aurelio Arturo combinó su lento trabajo poético, de lectura, creación y traducción (conoció en especial a los poetas contemporáneos de lengua inglesa), con sus labores como abogado, independiente al comienzo y luego funcionario de la rama judicial. En 1941 agregó una nueva dedicación a su vida tranquila, al contraer matrimonio con María Esther Lucio. Entre 1942 y 1948 nacieron Sus cinco hijos, lo que completa el cuadro de un abogado, esposo y padre de familia que ejerce la literatura un poco en los intersticios y desde su refugio de la biblioteca casera. Su afán primordial no era la publicación ni la creación de una imagen literaria. Sin embargo, la crítica o, más bien, los escasos divulgadores de sus esporádicos poemas, asimilaban lentamente su trabajo. Un año clave en la difusión y conocimiento de éste es 1945, cuando publicó en la revista Cántico varios poemas fundamentales en su obra, y en la Revista de la Universidad Nacional el poema Morada al Sur, que dará título a su libro. Desde el 45 hasta el 63 fueron siendo publicados casi todos los poemas que conforman Morada al Sur, de manera que la publicación del poemario en 1963 apenas vino a darle un rostro bibliográfico a una coherencia poética que ya era visible desde hacía años. En ese mismo lapso realizó un viaje a Washington (1950), murió su padre (1954), trabajó en tribunales en Pasto y Popayán (1954-1958) -retorno al ambiente de su amado sur- y fue nombrado secretario general del Ministerio de Trabajo (1959). Los trece poemas que integran Morada al Sur, publicado al fin por el Ministerio de Educación, le valieron en 1963 el Premio Nacional de Poesía Guillermo Valencia. A partir de ese momento su nombre pasó a ser pieza fundamental de antologías e historias literarias colombianas, sin que su actividad como escritor se modificara un ápice, y sin que se produjera como reflejo un movimiento personal tendiente a publicar otro libro. Su vida y su obra siguieron el mismo rumbo, discreto y paulatino, que él mismo les imprimió desde su llegada a Bogotá. Profesionalmente Arturo concluyó labores en 1968, cuando se pensionó como funcionario del Ministerio de Defensa. Literariamente, continuó leyendo con más dedicación, traduciendo y colaborando muy de vez en cuando en algunas publicaciones culturales, con una que otra reseña bibliográfica; incluso llegó a dirigir un tabloide literario llamado El Escritor, que sólo alcanzó los dos números en 1972, y se extinguió según el ánimo de quienes en realidad estaban interesados en sacarlo adelante y quisieron contar con el nombre de Arturo. En lo que respecta a su poesía, en cambio, escribió muy poco después de 1963. Durante siete años creó y pulió alrededor de quince poemas que fueron apareciendo, algunos, en revistas literarias. En 1970 escribió sus cuatro últimos poemas, los más celebrados de una presunta "segunda etapa": "Sequía", "Tambores", "Lluvias" y "Yerba". Arturo murió en Bogotá, el 24 de noviembre de 1974, meses después de haber recibido el doctorado Honoris causa en Filosofía y Letras de la Universidad de Nariño, y de haber dejado lista la segunda edición de Morada al Sur para Monte Avila de Caracas, con un poema adicional sobre la primera. Una vida sencilla, discreta, pero de extrema sensibilidad y sentido crítico respecto del oficio literario, un trabajo que, a, pesar de su lenta conformación, nunca fue abandonado.
Oscar Torres Duque