La poesía de Rogerio Tenorio

En la Orilla del Tiempo: Este titulo describe sólo un aspecto de esta colección de poemas. Siempre resulta difícil clasificar una sección de la vida pasada bajo una noción que salta al ojo. Los poemas escritos entre l947 y 1976 son el resultado de reflexión y de obsesión continua, son el resultado de un largo decoro o una fatalidad.

Sus principales obsesiones son el amor, la pena, el olvido, la vejez, la tristeza y la memoria.

Rogerio Tenorio combina estas nociones de manera diferente al paso de sus poemas, al paso de sus años, según la intensidad de su tristeza o de sus memorias. Pero todo esta dominado por el amor, amor más bien físico, pero no exclusivamente y, sobre todo, el amor pasajero. Encontramos descripciones poéticas sencillas y sin embargo, nuevas. El poeta nos descubre un mundo por su vida madurado: descubre su actitud frente a la mujer.

Escribe poemas como latidos del corazón, como pulsaciones de su vida inquieta. Encontramos “este dolor de amar” y “el duro ejercicio del amor”. Leemos “felices nos amamos y partimos felices, porque nada nos unía”. Esta última expresión no es de inocencia. En el contexto vemos que siempre describe el dolor y la pena que causa el amor.
La vacilación entre el amor y el olvido se presentan en esta colección de poemas de manera dialéctica; en el universo creado por Tenorio se condicionan mutuamente las más bellas descripciones de la mujer enamorada se oponen a la tristeza infinita del narrador. Rogerio nos dice al final que “Lo triste está en nosotros, no en la manera de mirar el agua”. Es fatalismo. ¿Es posible vencer la tristeza? Rogerio nos deja en suspenso. Describe su experiencia, su melancolía personal, su tristeza innata evocando las bellezas del amor. El último poema de este libo es una resolución. Se ha decidido el autor a vencer su melancolía y a enfrentar su fatalidad: “Dadme una flauta libre de cantinelas melancólicas”. Acepta el futuro, el viaje hacia la muerte. Por este último poema, tan distinto de los otros, la recopilación entera obtiene un valor distinto. Bajo esta decisión los poemas ligeros al principio, se transforman en la evocación de la juventud que aspira al amor rápido y, muchas veces, superficial.

La segunda parte de la presente colección comienza con la hipótesis “si yo no amara, viviría libre y viajero como el viento”. Pero el poeta muestra después lo relativo que hay en esta libertad. Esta actitud frente a la vida y el amor es más madura que la presentada en la primera parte. Pero queda aún la caracterización del amor por la pena y viceversa. En esta segunda parte domina la memoria del amor sin que estos poemas sean menos pesimistas que los anteriores. Tienen formas más libres: se abandonó el soneto al provecho de formas menos clásicas, y los versos evocan el pasado de un amor consumado: A la memoria tuya o Voy por el camino que tanto amaste. El último poema de esta parte intermedia, el penúltimo del libro, pronuncia la angustia de un hombre maduro, de un hombre en sus mejores años: “Cómo serás amada, última amada mia”. La amargura, la desesperanza y la tristeza, determinan el carácter de estos versos sin poder dominar la entera expresión poética. Queda la esperanza, queda el amor hasta la muerte, hasta el punto final de la vida. La angustia de morir no acaba con la necesidad de amar; el amor es lo que nos hace vivir; Rogerio Tenorio quiere mostrarlo con su ejemplo, con su sensibilidad e inteligencia. Busca la verdadera importancia del amor en nuestras vidas. Su propia manera de sobrevivir, de continuar amando y de utilizar el arte para expresarse, muestran que cree en la vida y en el amor que describe. “Lo triste está en nosotros, no en la manera de mirar el agua”. Esta conclusión es muy personal, y tenemos que decidir individualmente si podemos seguir sus experiencias. Pero en el camino podemos aprender mucho.

Rogerio Tenorio ha publicado en este libro poemas tristes y alegres. Los poemas muestran una gran capacidad de amar y de sufrir. El poeta domina sus experiencias con palabras e imágenes sencillas. Quiero citar una sola:

Mujer como palmera estremecida.
Intacta rosa en actitud de espera...

Tenemos entre manos una obra madura, producto de un largo trabajo. El carácter muy individual de las experiencias descritas no me parece demasiado hermético; puede servir a muchos otros. La lectura de estos poemas seguramente no cambiara al mundo, pero quizas, dará razón al placer e incitará a la reflexión.

Mathias Walter, Universidad de París. / El Pueblo, Cali, 25 de Julio de 1976