Poemas en el tiempo

Rogerio Tenorio es un industrial vallecaucano, quien tiene su empresa en la región de Aguasabrosa, Buga. Pocas personas conocían su filiación a la “poesía secreta”, pero lo cierto es que él dividía su tiempo entre la lucha por el pan cotidiano y el divino oficio de escribir versos.

Y es así como en días pasados sorprendió a sus amigos con un breve libro: En la Orilla del Tiempo, en cuyas 60 páginas ha vertido sus afanes, sus debilidades telúricas y, sobre todo, sus secretos de amor. Precisamente la primera parte del libro la componen diez sonetos que son otras tantas confesiones sentimentales y se inician con una invocación al corazón, “ala sin ave”, “timonel sin timón”, “cauce sangriento que contiene un río / que ignora adonde va...” La imagen de la mujer da inicio al libro: “Llegó como las cosas conocidas; / como el viento, la nube o la mañana”. Luego le dice a la amada perdida: “Fuimos todo en la vida y nada fuimos. / Felices nos amamos y partimos / felices, porque nada nos unía”. Pero regresa (¿será la misma amada?) al soneto: “Mujer como palmera estremecida. / Intacta rosa en actitud de espera. / Paloma en vuelo ciego. Reverberas / al fuego de pasión en ti nacida”.

Siguen otros sonetos en los que Tenorio escribe (¿en el agua, en el viento?) su itinerario amoroso, como todos los poetas que en el mundo han sido. La segunda parte se abre con A la memoria tuya, poema que empieza con estos versos memoriosos:

A la memoria tuya, la ciudad de mi sangre
te levantó una estatua en la calle del tiempo...

Y luego se va “por el camino que tanto amaste”, acompañado, por una brisa que “tiene un helado corazón de espada”. El poemario se cierra con un poema que termina pleno de saudade:

(...)
Dadme una flauta
libre de cantinelas melancólicas,
de llanto por la ausencia de un lucero.
Lo triste está en nosotros,
no en la manera de mirar el agua.

Oscar Echeverri Mejia. / Occidente, Cali 10 de Febrero de 1976