El elegido Solamente existe en verdad el oficiante el elegido por cadenas de sucesos infinitos hacia atrás inescrutables. El póstumo celebrante del misterio el que ya sabe cuando aprende el que más aprende cuando enseña el que aprehende sensitivamente matemáticas y gusta doctamente de la lírica. Aquel a quien encuentran aún de noche aún en sueños abriendo, silencioso, su camino en selva oscura. El musical sin instrumento en aire abstracto y subterráneos mares buceador hierático. El que tamiza la luz y matiza —luminoso— la sombra. El que hace una síntesis con síntomas apenas y descubre el punto exacto por difusas señales. El que no necesita, en la experiencia, sino débiles comienzos, el que ensambla -cotidiano- laberintos y sueña —dorado por los soles— catacumbas. |