El elegido

Solamente existe en verdad el oficiante

el elegido por cadenas de sucesos

infinitos hacia atrás

inescrutables.

El póstumo celebrante del misterio

el que ya sabe cuando aprende

el que más aprende cuando enseña

el que aprehende sensitivamente matemáticas

y gusta doctamente de la lírica.

Aquel a quien encuentran aún de noche

aún en sueños

abriendo, silencioso, su camino en selva oscura.

El musical sin instrumento

en aire abstracto

y subterráneos mares buceador hierático.

El que tamiza la luz y matiza

—luminoso—

la sombra.

El que hace una síntesis con síntomas apenas

y descubre el punto exacto por difusas señales.

El que no necesita, en la experiencia, sino débiles comienzos,

el que ensambla

-cotidiano-

laberintos

y sueña

—dorado por los soles—

catacumbas.