Conversando con Eduardo Gómez

Mario Camelo

¿Cómo entiende la función de la palabra en la poesía?

R. Esta función se puede singularizar más concretamente en comparación con la prosa. Mientras en la prosa la palabra se hace transparente (Como diría Sartre) y remite directamente al concepto, en la poesía se hace “plástica”, se condensa en imágenes, se torna ambigua y apenas sugerente. Se trata entonces de una función, que en términos muy generales, sigue siendo comunicación pero a través de la imagen y no del concepto. En otras palabras, es una comunicación que se basa fundamentalmente en la sensibilidad (cultivada) y que por lo tanto, es imposible racionalizar por entero. Es un lenguaje cifrado que hay que interpretar por medio de hipótesis porque es por definición ambiguo y se resiste a las precisiones de la ciencia.

¿Cuáles son, a su juicio, las tendencias de la actual poesía colombiana?

La poesía colombiana actual no está precisada en sus límites. Qué se entiende por actualidad?. La poesía del siglo XX o la de la última década? y qué motivos se tendrían para hacer la limitación de tiempo?.

Con todo, se podrían distinguir algunas tendencias predominantes en la poesía más conocida (Pues hay un volumen enorme y a veces de superior calidad, de poesía secreta, no favorecida por la publicidad o la moda). Encontramos primero los últimos vestigios de una concepción formalista y esteticista, que en un pasado inmediato, representaron corrientes como “Piedra y Cielo” y luego (con variantes modernistas) “Mito”. Esa poesía es la que sigue teniendo más ámbito publicitario pero cada vez menos lectores, al menos entre las dos últimas generaciones. Luego, existe una corriente esquemáticamente politizada en un sentido puramente sociologista, que se hace ilusiones sobre el poder de “adoctrinamiento” de las consignas poéticas y a veces confunde el panfleto con la poesía. Por lo general esta, poesía (como sus equivalentes en el teatro y la pintura) hace de hecho, y sin darse cuenta, populismo.

Encontramos también vestigios de corrientes típicamente modernistas (Entiendo el “Modernismo” como la decadencia y los excesos de la modernidad) en poetas sobrevivientes del Nadaísmo, por ejemplo, que son (y nunca fueron otra cosa) que manifestaciones de un surrealismo tardío que se descubrió y cultivó en Francia, y luego en el resto de Europa, hace 50 años pero que languideció aproximadamente dos décadas más tarde, precisamente en los preámbulos de la Segunda Guerra Mundial. Finalmente, existen tentativas aisladas de superar esas falsas disyuntivas.

En general se puede decir que la poesía colombiana (Como las demás ramas del arte) está ante el desafío: o asume integralmente la problemática de la nueva época, del nuevo arte, y supera las languideces del formalismo decadente con sus extravagancias retóricas, así como el ideologismo (En el sentido althusseriano) del populismo sectario, o queda definitivamente condenada a un género menor y de simple distracción.

Quedaría por explicar que entiendo por la “Nueva Época” y por “El Nuevo Arte” pero esto exigiría un ensayo aparte. Sin embargo, creo que quienes desean un cambio histórico me entenderán fácilmente.

¿Puede hablarse de crisis de la poesía contemporánea, en general y de la latinoamericana en particular?.

Cada época fomenta, especialmente, un género artístico o literario que la exprese con mayor idoneidad que otros. En las épocas míticas y religiosas han sido (como en el caso de los griegos) la poesía y las artes plásticas, las que han tenido la primacía. No es este el caso de ‘nuestra época, en la medida en que ella se hace consecuente con la ciencia y la filosofía modernas. Esto no quiere decir que el arte sobre en una sociedad que se rija por la ciencia y filosofía modernas, sino que el arte se hace mucho más difícil por la sencilla razón de que tiene que emular con esa ciencia y esa filosofía, como otra forma de de conocimiento que recrea al mundo en imágenes extremadamente complejas para poder justificar su existencia y ser capaz de enriquecer también al mundo de la ciencia. Ya no basta una cierta sensibilidad más o menos cultivada como en las épocas primitivas, sino que es necesaria una sensibilidad que surja como la nueva espontaneidad del saber científico como su ambigüedad fundamental, como la “encarnación” de sus interrogantes.

En realidad (especialmente en el artista sabio del Renacimiento o del clasicismo alemán, Goethe a la cabeza) esas aspiraciones del arte, ya se habían dado pero sus exigencias se han hecho más perentorias y más claras en nuestro siglo, debido al extraordinario avance , complejidad y variedad de la ciencia y la filosofía, así como la decadencia concomitante de las religiones y de las concepciones mágicas del mundo.

Se comprenderá que en este contexto no es precisamente la poesía tradicional (del verso aislado y de temas convencionalmente poéticos) el género literario que puede tener la primacía, sino más bien la novela, el cine o el teatro, más aptos para dar la visión de vastos conjuntos y de concepciones del mundo penetradas de ciencia y de rigor.

Debido a estas circunstancias es que el poeta colombiano empecinado en la tradición convencional, se ha empequeñecido y, en cierto modo, se ha convertido en una figura un poco ridícula y hasta extravagante. Las habituales defensas con toda esa cháchara sobre la “inefabilidad de la inspiración” milagrosa del genio incomprendido son cada vez menos eficaces y menos convincentes, aún en el público conservador, y dada la indiferencia con que las mira. El artista tradicional ha subestimado demasiado al hombre directamente activo, y ahora está pagando su arrogancia.

¿A la luz de todo lo expresado anteriormente qué concepto tiene de su trayectoria poética?.

Ante todo el sentimiento de que ha sido mi adolescencia literaria (y eso se puede decir de toda producción poemática, incluyendo las de más calidad). En mi primer libro, “Restauración de la palabra”, busqué integrar la experiencia fugaz y subjetiva de una soledad angustiada a un lenguaje progresivamente articulado que diera forma a mis fantasmas más íntimos. Así el libro se aclara a medida que avanza (un avance en zig-zag que no fue mantenido exactamente en el ordenamiento final de los poemas, teniendo en cuenta al lector, pero que fue en realidad vivido por mí al escribirlo) hasta lograr, al final, una comunicación objetivamente poética. Fue una experiencia importante, en la cual aprendí que la poesía puede tener una función terapéutica relativa, basada en la catarsis semiespontánea de esta expresión artística. En el libro siguiente, “El continente de los muertos”, ese mismo proceso fue logrado con más éxito, debido a que la expresión se halla más libre de censuras morales y políticas, de tabús sexuales, etc. Por lo mismo, el proceso de objetivación progresiva de “fantasmas” (y es necesario aclarar que uso esta palabra en el sentido freudiano de fantasías inconscientes traumatizantes o impulsadoras de deseos) está más claramente estructurado en etapas definidas (“Descenso”, “El Continente de los Muertos”, “Ascenso”, y “Meditación”) que delimitan los momentos de un “Descenso a los infiernos” y el subsiguiente remontarse, gradualmente, a una serenidad reflexiva. La curva descendente y ascendente se puede establecer a partir de los dos poemas polares sobre la figura paterna sublimada, negativa y positivamente (Santos y criminales” y “Nuestro Amigo el Mesías”). En el tercer libro. (Que se editará el año entrante), “Movimientos sinfónicos”, esa especie de terapéutica poética es superada en una entrega gozosa y más integral a la expresión de mis experiencias poéticas. Con este libro se cierra el ciclo de lo que he llamado “Adolescencia literaria” y se abren las amplias perspectivas de la prosa y de la poesía en función de la prosa. Pues la poesía de nuestra época debe volver a los poemas dramáticos estilo “Fausto” y seguir la tradición de los gigantes de la poesía épica como Thomas Mann, Proust, Musil, Kafka, Laxnes, Sartre y Joyce. Ya no es posible a mi juicio, una profesionalización raquítica como poeta exclusivo del verso, aislándose de los temas vastos y complejos de nuestro siglo y de sus exigencias prosaicas. El verso tiene como ésta ha aprendido del mejor verso clásico pasado y presente.

La Patria, Manizales, Octubre 3 de 1977.