Poemas de amor
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Algún día escribiré un poema que no mencione
el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores,
que no tenga jazmines o magnolias.
Algún día te escribiré un poema sin pájaros
ni fuentes, un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.
Algún día te escribiré un poema que se limite a pasar
los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas, algún día escribiré
un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día escribiré un poema, el canto de mí dicha.
13
Primero está la soledad.
En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra,
que esa tiniebla eres tú.
Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse
con tu sino solitario;
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original -contigo mismo-.
Acaso una noche, a las nueve,
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina
dentro de ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor.
Tomado de Aunque es de noche, de Dario Jaramillo Agudelo, La cruz del sur,
1999
Un día en la penumbra te enamoras de tu amor imposible.
Un día en la penumbra te enamoras de tu amor imposible.
Una breve charla, si acaso una mirada, una sonrisa leve,
un levísimo guiño inolvidable
y cae el azul entero de cielo sobre tu alma
y desfalleces de la dicha,
llueve la luz en tus adentros.
Sabes que es un amor imposible.
Sabes que no hay manera de cruzar una vida con la otra,
que, acaso, fue una fortuna que un día tocaras a tu amor imposible
pero también sabes que es imposible tu amor,
que no lo verás más,
que el amor que le tienes a tu amor imposible
no necesita a tu amor imposible,
que amas a una quimera que un día se encarnó debajo de la
piel
más lejana y que más amas.
Todos los amores imposibles son eternos
Todos los amores imposibles son eternos,
el tiempo no los toca
y no existen traiciones entre los amores imposibles.
Amo con toda intensidad, amo sin límites
a cada uno de mis amores imposibles.
A veces el olor del café trastoca el orden de los años
y voy a dar a la madrugada
de un resplandor que a mí me alumbra,
o de pronto la voz de Janis Joplin
me ensarta en una noche cítrica,
de alambre,
la noche del hechizo,
puede ser una forma precisa de mecerse el viento entre los árboles
y la danza del cuerpo,
la eterna danza de un cuerpo eterno
entre la eterna danza de la brisa.
Los eternos amores imposibles
no se tocan, no se cruzan, no pueden verse entre sí,
no existen los celos entre los amores imposibles,
son perfectos los amores imposibles.
Apariciones
Posees el gozo de su risa
pero debes saber que partirá.
Te inunda su alegría,
te ilumina su rotunda carcajada
con una luz muy dulce,
pero no ignores que se irá.
Ella fluye,
ella es un líquido que detesta estancarse,
ella es un pájaro que anida y emigra,
ella se irá.
Ella se irá y te dejará una marca de amor
que solamente curarás con su regreso efímero.
Entonces la verás de paso
y será como tropezar con el sol de la mañana
descubrir de nuevo su alegría,
nadar en ella
plácido
hasta un próximo encuentro inesperado.
Historias
Se hablan bajo el agua,
desnudos flotan y se hablan
y se dicen palabras como "risa"
y la luz brilla como un tafetán líquido
sobre sus hermosos cuerpos;
paralelos, blanca y moreno, contra la corriente,
plata y bronce bajo el fluido sol,
como dos lianas de carne mis dos bellos amigos
sumergidos se dicen un idioma que vibra
en los oídos,
una música de vocales desleídas,
se dicen palabras con ternura sabia;
desde el puente
bajo un árbol que deja pasar hilos de sol
yo los miro gozoso
y los veo sacar la cabeza del agua
con el aire y con la dicha contenidos
y los oigo gritar "esto es la vida"
y sus esbeltos cuerpos jóvenes son la vida,
ella y él, mis desnudos hermosos amigos,
la vida son ellos,
ellos que me regalan su entusiasmo.
Canción
Aquí conmigo, un primero de octubre, tarde líquida de sangre
y agua y
saliva,
aquí conmigo, en la noche de hotel, y en el aliento del brandy y
el café,
aquí conmigo, domesticada y sin ansias, hecha de despojos,
aquí conmigo mi soledad, materia inerte, ya sin queja y sin tremor:
Con ella no escondo cartas entre la manga, no tengo cartas, no tengo
mangas,
estoy desnudo
con mi música, aquí conmigo, lejos del apresuramiento y de
las balas,
ajeno al acoso de la cita y del teléfono, incólume tras el
descendimiento
a los infiernos.
Me pongo la máscara, me quito la máscara, busco otra máscara,
voy descarándome.
Perdí mi rostro y lo recojo ahora,
en esta noche de hotel, cuando mi soledad se vuelve tibia,
transparente
y repaso sereno las agonías:
¿Adónde he quedado yo, tras tanta máscara?
Sólo el miedo permite seguirme tras el tiempo,
Si bien cabe atribuirlo todo a una conjura:
¿Alfileres sobre una foto mía? ¿Un rezo? ¿Malas
artes de la brujería y el
halago?
Mentiras. Soy el dueño de mis dichas y mi miedo
y de unos blancos senos que ocupan cinco años de mi vida.
Y ahora, aquí conmigo ahora, en esta medianoche,
está ella silente como un gato, mi soledad llena de pasadizos
como un hormiguero abandonado.
Colección de máscaras
Felisberto: tiempo oscuro
Fue aquel un tiempo oscuro, con el color de la piel amoratada,
Días de cuero curtido, días de sol afuera en el mundo de todos
los demás.
Él sufría.
Y la dicha era imposible en aquel reino de un helado miedo interminable.
Se sentía cobarde, pero necesitó mucho valor, sin saberlo,
para sobrevivir
entonces,
Un coraje ciego actuaba por él,
Un frío coraje que por las noches le arrancaba las lágrimas
rabiosas.
Aprendió en esos días que daba lo mismo perder o ganar,
Que importaba solamente saber con claridad su horror,
Poder oír siempre esa secreta voz de alerta,
Mantener viva la llama de su signo: La música es la única
cosa consistente.
Era el tiempo del desdén y del pequeño sufrimiento diario.
Era el humillado, el gris, el triste.
En aquellos días de buen comportamiento y mala conducta,
Él usaba los preceptos como vestidos de otra talla,
y constantemente pecaba de pensamiento y de deseo
y una mancha negra le oprimía las costillas y le apretaba la garganta:
era la amenaza del infierno, el garfio de la culpa, era saber que nunca
volvería
al estado de gracia,
y, ah, la única dicha de estar solo,
encerrado en lugares oscuros, sobreponiéndole una noche precaria
a los días de
propiedad ajena.
En aquellos años (hoy los recuerda con cierta ira y el asombro de
haber
sobrevivido),
en aquellos años sin ternura, en aquellos años sin sentirse
amado,
en aquel frío entonces de de santidad y mentira,
él esperaba sin llanto y soñaba con luminosos lugares distantes,
con jardines, con calor animal y sol y soledad,
soledad siempre, sin desolación soñaba.
En aquellos días él caminaba por las calles sin una canción
que fuera suya,
el sin amor, el seco, el muy abandonado,
y él pervivía intrigado por la curiosidad del día siguiente;
en esos días aprendió a sonreír para sus adentros con
una sonrisa agradable y
secreta.
Entonces el mundo tenía púas y él no tenía conciencia
de su cuerpo sin piso, ese
lujoso vacíode nervios y de carne:
fue aquél un tiempo de escalofríos y aún no despertaba
el fuego de su adentro:
él vivía los días vencido por un rescoldo de esperanza,
animado por la desdicha
él esperaba su mañana,
sabiendo como se saben esas cosas, con las vísceras, su verdad más
inútil:
estaba tan lastimado que ya no sería feliz nunca,
0 que acaso su noche lo marcaba apenas para una fugaz ebriedad del mundo
o para el hábito del desencanto.
En aquellos días él no esperaba nada y esto lo libraba de
toda decepción,
en aquellos días de ojos húmedos y labios mordidos
él tenía toda la ternura de su corazón dispuesta,
pero el sufrimento, la sustancia de esos años,
convirtió su ternura en una especie de indolencia;
ah, su corazón, ese cándido reloj del desatino.
En aquel tiempo él tenía héroes remotos, indescifrables
intuiciones,
eran días sin codicia y él construía la casa del alma
en un desierto.
En aquellos días él se comportaba muy juiciosamente
y manipulaba con sigilo su locura: todo podía ser un juego, él
lo sabía,
todo podía ser una broma pesada que acabaría al azar una mañana.
Durante aquellos años sin ninguna intimidad o abrazo,
él supo lo esencial de este cuento y nunca le sivió para nada.
En aquellos días la radio sonaba delante del ruido de la lluvia y
lo demás era
todo silencio,
absoluto silencio, y él permanecía casi siempre quieto, con
los ojos abiertos,
sin pensar,
muerto de miedo.