Iowa queda en la midad de ninguna parte
Darío Jaramillo Agudelo (Santa
Rosa de Osos, 1947), es sin duda uno de los mejores exponentes de la más
joven poesía que se escribe actualmente en Colombia. Autor de Historias
(1974), y Tratado de retórica (1978), su más
reciente publicación, el número monográfico que le
dedicara la Revista Golpe de Dados de marzo-abril pasado,
nos muestra un poeta que es capaz de mirar, sin desdén, pero con
una amarga ironía los días de su vida, el espectáculo
que lo ronda y del cual es protagonista. Poemas suyos como Planos de
simetría 3 o La visita de Margarita Cueto a Medellín
en 1968, son dos buenas guías, de una lírica que rompe
la tradición de una España muerta a principios de siglo.
Jaramillo Agudelo es también co-autor de libros colectivos como OHHH (Medellín, 1970), y Antología de una generación sin
nombre, publicada para la colección Adonais de Madrid, por el poeta
Jaime Ferrán en 1970. También es el compilador del volumen
18 de la Biblioteca Básica de Colcultura: La nueva historia
de Colombia y coordinador del Manuel de Historia de Colombia que está publicando la misma entidad en tres volúmenes.
Usted pertenece o perteneció a la Generación sin nombre...
Primero que todo la Generación sin nombre fue una coyuntura para publicar versos entre 1966 y 1969 se hicieron paginas colectivas en las cuales figuran más de cuarenta nombres de muchachos y muchachas más o menos de la misma edad; es dudoso que haya un espíritu común en esa gente y en verdad nunca fue un movimiento, no hubo ni manifiestos ni estéticas comunes y la solidaridad sólo se daba en el plano de la amistad personal.
La pagina Vanguardia, que dirigía María Mercedes Carranza en El Siglo y el prodigioso talento editorial de Juan Gustavo Cobo aglutinaron a estos jóvenes poetas; el nombre Generación sin nombre procede de Alvaro Burgos que título así una pagina de poemas que salió en El Tiempo; aunque la frase es útil para designar poetas nacidos entre 1940 y 1950 no creo que la designación tenga más que un significado cronológico y que no puedan hallarse puntos de referencia comunes que permitan identificar a un poeta de la Generación sin nombre como se identifica a un poeta romántico, por ejemplo; se da desde una poesía fina y sutil como la de Quessep hasta el prosaísmo de William Agudelo pasando por el surrealismo de Henry Luque o por el barroco tropical de Miranda. Puede decirse entonces que yo pertenecí a la Generación sin nombre en cuanto que varias veces mis poemas fueron publicados en aquellas páginas colectivas de los sesentas.
No tiene más que una importancia generacional. Pero de ser así por qué se acogen a ese mote.
Pues la palabra generación como significativo puramente Ortegiano pienso que esta totalmente mandada a recoger, sólo puede justificarse a posteriori para generalizaciones que le hagan la vida más fácil a los profesores; pero pueden estar seguros que la Generación sin nombre, es decir, esos cuarenta o cincuenta universitarios de los sesentas, la mayoría de los cuales hoy en día ni escriben versos ni leen prosa, nunca va a celebrar los veinte años de fundada, ni va a poner Grill y dudo de que lloren sus muertos...
Ustedes estarían inmediatamente después de Los Nadaístas. Aunque sin proponérselo, lo que han escrito los mejores representantes de tu Generación sin nombre es como una contra respuesta a aquellos...
Como he descartado un punto de vista generacional, me refiero únicamente
a mi caso individual. El Nadaismo surgió en Medellín, el mismo
lugar donde yo vivía mi adolescencia y para aquel momento la distancia
y la fascinación que producía El Nadaísmo era el mismo
que podía producirle la cárcel de la Ladera a un estudiante
del colegio de los Jesuitas: en esa época conocí a Gonzalo
Arango, pero lo importante no era lo que escribían sino lo que hacían
y lo que hicieron fue limpiar la casa. Debe ser que tengo más de
treinta años, pero Los poemas de la ofensa de Jaime Jaramillo Escobar
es un libro tan valioso que por sí sólo bastaría para
justificar lo negativo que yo pueda decir del Nadaísmo, lo cual por
lo demás, no se justifica en lo más mínimo, no porque
no exista, sino porque es tan intrascendente como lo positivo que han hecho.
Mi admiración por la obra de Alvaro Barrios, que surgió con
el Nadaísmo, y que ahora se proyecta como una de las más importantes
obras plásticas que se desarrollan en Colombia.
La relación entre la poesía de los poetas de la generación
sin nombre y la de los nadaístas, no creo que pueda hacerse: lo único
valioso hasta ahora, del nadaísmo es la obra de Jaramillo Escobar
y no hay nada de la poesía de la Generación sin nombre que
pueda compararse a este libro.
Quiero aclararle en todo caso que el tema de la Generación sin nombre, de los Nadaístas, de las generaciones y de quien está delante de mí en la fila, o detrás, no me interesa absolutamente nada.
¿Qué se siente al saber que uno ha nacido en Santa Rosa de Osos?
Mucho frío, terriblemente frío, los primeros siete años de mi vida los viví allí; como está de moda Hesse, el símil es reconocible; aquel fue mi mundo luminoso, lleno de luz, de aire, de color verde y de olor a frutas, muchos años después supe que entonces estaba prohibido leer El Tiempo y oír por la radio El Derecho de Nacer y que la prohibición venía de Miguel Ángel Builes el obispo que vivía en ese mismo pueblo. Santa Rosa tiene además una tradición de actividad cultural; con tanto frío la gente no tiene más remedio que encerrarse a las siete de la noche a jugar tute, a leer novelas o a hablar ociosidades. Allí nacieron Barba, Rogelio Echavarria, Gómez Jaramillo y un espléndido escultor que se llamaba Marco Tobón Mejía. La idea del león que yo tengo procede de una inmensa piedra tallada por Tobón que se encuentra en una parque de Santa Rosa, por lo demás ese catolicismo profesional y ese crudo conservatismo no son precisamente lo que más influye en un niño de siete años y mis recuerdos más persistentes tienen que ver con el paso de caravanas de ganado que iban por la plaza de Santa Rosa arriadas por bajeros del Sinú hasta la feria de Medellín y tienen que ver también con viajes periódicos a Medellín, una ciudad donde había trenes eléctricos en las vitrinas, en esa ciudad viví yo entre mis siete y mis dieciocho años ... y eso también tiene que ver con Santa Rosa, porque yo pasaba las vacaciones allí en la casa de mi abuelo José Domingo Jaramillo, un hombre ciego que tejía mochilas y distinguía los colores por las texturas de las cabuyas, y me contaba cuentos que había oído en su niñez la mayoría variaciones alrededor del cuento de Los Tres Deseos. Hoy en día no puedo repetir ninguno de esos cuentos pero la atmósfera que entonces yo vivía es algo que quisiera poder resucitar.
¿Cómo se fue escribiendo Historias?
Los primeros poemas que yo escribí fueron hechos en Medellín
pero de esos no hay ninguno en Historias. Mis poemas adolescentes están
en OHHH aunque a la larga todos los poemas son adolescentes.
Los poemas de Historias fueron hechos en Bogotá
mientras estudiaba derecho y economía en la Javeriana hasta 1974.
Historias tiene que ver directamente como libro con Juan
Gustavo Cobo. A. Cobo lo conocí en el 66, yo era primíparo
en la Javeriana y él en el Externado; creo que sí no lo hubiera
conocido yo sería un poeta clandestino; pero la amistad con él
llega hasta una complicidad anticipada a cualquier cosa que él haga;
fue Juan Gustavo quien metió los originales de Historias a la imprenta;
el libro apareció en abril de 1974, sin embargo se quedó sin
distribuir porque entonces mis ocupaciones de abogado no me permitían
disponer de tiempo y tres meses después me fui para Iowa y el libro
quedó almacenado hasta cuatro años después, cuando
un perro Cocker Spaniel hizo su propio juicio critico y destrozó
casi completa la edición; se salvaron como cien ejemplares para los
cuales compraré un Cocker próximamente.
El libro recoge poemas de seis años, que están repartidos
temáticamente. Las instrucciones para escribir un poema, los tres
primeros textos son un anticipo de algo que retomé después
y se convirtió en la última parte del Tratado de retórica,
todos apuntan a señalar que el poeta no es un demiurgo ni un ser
privilegiado ni alguien especialmente lúcido, quieren trasmitir la
experiencia de quien ha conocido que el trabajo poético es una artesanía
aberrante de retorcer las palabras para que éstas den de sí
y que, con pocas cuyas gratificaciones se dan más en el plano de
la persistencia que de la inspiración, también apunta a decir
que la poesía es una actividad anacrónica lo cual a lo mejor
la salve porque finalmente significa un acto gratuito, una creación
difícilmente convertible en mercancía por lo cual es impune;
quiere señalar, también la actitud religiosa hacia la palabra
como un quehacer vacío.
Eso tres poemas iniciales de Historias fueron traducidas al inglés
y al francés y publicados en Iowa bajo el título de Poetic
Corner en una plaquette hermosamente editada.
Las biografías imaginarias, fueron la parte de Historias que retomé
en el Tratado de retórica. Sospecho que uno no hace
más que un libro de versos en la vida y cuando armé el Tratado
las biografías hacían parte de él, son poemas collages
donde los personajes biografiados son los autores de las citas; con esos
poemas quería también procurar varías lecturas paralelas
que funcionaran al tiempo por ejemplo, para Graham Green y para la circunstancia
especifica mía; hoy pienso que ese intento era vano y esos poemas
me interesan por razones puramente personales.
Del resto de Historias casi ni me acuerdo, pero algo interesante que empezó
ahí con Tartarin Moreira un poema en prosa, el primero de una serie
de poemas en prosa, ocho en total, titulada Cloaca. En el 74 yo pensaba
que mi próximo libro se llamaría así; algunos de esos
poemas aparecieron en Obra en Marcha I, pero confieso que me siguen estorbando
e intrigando.
Usted que venía trabajando como abogado de pronto recibe una beca en los Estados Unidos a fin de escribir un libro...
Iowa queda en la mitad de ninguna parte, un estado agropecuario habitado por electores de Nixon; creo que Estados Unidos me cambió: era un programa donde había 25 escritores de todas partes del mundo, cada uno con su espejito entre el bolsillo; escribía en una cocina, era un apartamento de un edificio de Cartón; hice buenos amigos, Bur Blume era el coordinador del International Writing Program y estaba enamorado de su motocicleta y de una muchacha rumana; con él hablaba horas y horas, David Young Era músico graduado, excelente poeta, y mi editor en inglés; Catherina Rooke sobrina de Katzanzakis, una prodigiosa griega con quien me emborrachaba, iba a cine y conversaba noches enteras en una jerga indefinible no sabíamos ningún idioma común pero nos hacíamos las confidencias más increíbles... o sea que nos hablábamos inventado nuestro propio idioma. Lo primero que escribí en Estados Unidos fue Razones del Ausente y después más de cuarenta poemas de los que quedan diez en Tratado de retórica.
Ese año allá me convirtió en gringófilo; se trata de una cultura viva; sus mismas alineaciones la hacen avanzar, la mayoría de la gente del país no es más que una trabajosa y milagrosa suma de minorías, al revés del lugar común del perro caliente los gringos comen bien y han desarrollado una formidable cultura culinaria, saben que son la gente en la historia que ha dispuesto de mejores elementos mecánicos y electrónicos para hacer música y han fabricado paraísos musicales, cada gringo es una especialista y un ignorante y todos los gringos suman un loco bastante sabio; creo que están haciendo la mejor literatura del mundo y que el capitalismo ha hecho que la literatura se vulva divertida; lo más simpático del cuento es que los gringos tienen razón en su paranoia porque todo el mundo que se han construido ha sido edificado sobre una economía que necesita la guerra para subsistir, creo que los historiadores del siglo XXIII van a pensar de los gringos como los principales factores de la locura del petróleo y como los inventores de ese mostruoso animal llamado automóvil.
El número de Golpe de Dados dedicado a usted plantea una ruptura en su poesía, una ruptura respecto a la manera de verse usted mismo. ¿Ha sido consciente ese salto?
No. En primer lugar porque ruptura hay siempre, uno es un montón de fragmentos que a cada instante se están organizando de diferente manera: el pasado mío de hoy no es el mismo que el pasado mío de anoche; ruptura hay siempre.
Siendo una de sus pasiones ocultas o públicas la historia de este país, en esos poemas de Golpe de Dados, hay más una amargura por el desarraigo que una complacencia en él...
Hay muchos países; la región antioqueña es un país,
la costa es otro, el reino música es otro: Colombia no es un ser
de otro planeta en la Costa Atlántica; García Márquez
es un pez fuera del agua en Bogotá; si eso ha engendrado cosas tan
aberrantes como nuestro esclerótico estado, es también la
semilla de nuestra mayor riqueza, una diversidad que cuando se asimile como
algo conciente va a engendrar una contradicciones muy creativas en esta
geografía.
En un país donde el hambre y el analfabetismo hacen de la literatura
un ejerció culpable el resultado de su practica, tiene que ser necesariamente
duro y agresivo. Lo contrario es retórica.
Harold Alvarado Tenorio