"Una generación fracasada"

La entrevista viaja por la red hasta la computadora del Banco de la República, en Colombia. Ahí, el doctor Jaramillo es el encargado de las actividades culturales de la institución, que destaca por resguardar la colección de oro de Colombia: 33 mil piezas de orfebrería de una belleza excepcional, como los poporos que revelan el consumo de la hoja de coca entre los indios quimbaya. Es también la institución que patrocina la biblioteca Luis Angel Arango y pronto será sede de la mayor colección de obras de Fernando Botero en el mundo.

El intercambio virtual de información terminó por ser la forma de la entrevista. Cartas cruzadas, novela de próxima aparición en México que usa el recurso justamente del género epistolar, fue el pretexto. La obra plantea un retrato generacional y al mismo tiempo nacional, por medio de la correspondencia entre dos amigos que postulaban el aprecio por los ideales de una juventud que, por primera vez, experimentaba en América Latina la movilidad social asumida por la vía académica. También es la primera generación que padeció los estigmas de la modernidad: la competitividad, la soledad de las opciones vitales, la consolidación del narcotráfico, "la gran transnacional del siglo", como la define Gabriel García Márquez.

¿La generación que describes en tu novela podría considerarse la primera generación urbanizada conscientemente? Si lo anterior parece pesado o sociológico, ¿cómo describirías el legado de esa generación mítica?

"Acaso el primer problema vital, la primera equivocación en la raíz de la generación que fue adolescente en los 60 ­la de mi novela, mi propia generación­ consistió en creer que éramos los primeros habitantes del mundo, que con nosotros los seres humanos, por fin, daban una especie de salto cualitativo. "A lo mejor me agarras en un momento de especial pesimismo y de dolor de país, pero tiendo a pensar que la mía es el mejor ejemplo del fracaso de una generación. Pudiendo ayudar a construir una sociedad más justa nos conformamos con una ditirámbica, exaltada e ineficaz fiebre revolucionaria y anticonvencional ­entre el Che y Thimothy Leary­ sólo hasta el momento en que obtuvimos un título universitario y dimos pábulo a nuestras bajas pasiones: la codicia y el sueño estúpido de la eterna juventud.

"En Colombia fue esa generación, más que ninguna otra, la que contribuyó a que tuviéramos una sociedad sin reglas de juego, donde las normas existían para ser violadas. Y en el mundo entero esa generación produjo un amasijo inverosímil de pequeños y grandes desastres, pequeñas y grandes mentiras".

El recurso epistolar en lo literario, con sus encantos de lo íntimo mágico, ¿es una estancia de la poesía? ¿Alguna vez en tu trabajo como poeta una solución literaria fue precedida de una carta?

Creo a pie juntillas que el único género literario es la poesía. Una novela, un ensayo, un reportaje valen si trasmiten alguna emoción poética. ''Las cartas son una disciplina para el autor de novela epistolar, pues tiene que hablar con el pronombre "yo" de varios personajes, pensar y sentir como cada personaje, distinto a los demás.

"Creo que el lector de literatura epistolar es el más cómplice lector, y es también, inevitablemente, un voyerista, un invasor de intimidades. "Hay algo muy seductor en los diarios y cantos: alcanzar la poesía en el tono menor, en el susurro al oído, en el secreto". En Colombia Darío Jaramillo es popular por un poema:

"Podría perfectamente suprimirte de mi vida
no contestar tus llamadas,
no abrirte la puerta de la casa,
no pensarte, no desearte,
no buscarte en ningún lugar común y no volver a verte,
circular por las calles por donde sé que no pasas,
eliminar de mi memoria cada instante que hemos compartido,
cada recuerdo de tu recuerdo,
olvidar tu cara hasta ser capaz de no reconocerte,
responder con evasivas
cuando me pregunten por ti,
y hacer como si no hubieras existido nunca.
Pero te amo."

El narcotráfico como tema y signo generacional, ¿qué riesgos representa en lo literario?

Creo que el narcotráfico es un falso problema que se resolvería muy sencillamente con la legalización. Estoy consciente, además, de que ésta es una opinión que se puede expresar desde la literatura, territorio donde se pueden subvertir los valores que han prevalecido en nuestras alineadas sociedades.

Mientras ha sido ilegal, el comercio de la cocaína ha hecho mucho daño, no tanto a los consumidores, sino a nuestras propias sociedades. ''La ilegalidad lo convirtió en un negocio tan fabuloso que engendró el verdadero mal: que muchos creyeran que era posible hacerse millonarios de un día para otro. Eso acabó de despelotar lo poco que quedaba de respeto a la ley. "Creo que una situación tan anómala, como la ilegalidad de unos comercios de sustancias tan peligrosas como otras que son legales ­el alcohol o el tabaco­, se presta para construir historias absurdas, pero totalmente verosímiles en nuestra sociedad.

­Hace poco un diario colombiano centró su crítica a la literatura actual colombiana en el hecho de que no hubo este año un candidato al Rómulo Gallegos, ¿qué significa ser literato en Colombia?

No creo que el hecho de no tener finalistas en un premio signifique que hay una crisis creativa en Colombia. Nunca antes tuvimos un escritor tan importante como Gabriel García Márquez y, detrás de él, una efervescencia creativa tan grande y una industria editorial tan activa. De lo que hoy se escribe habrá una decantación con el tiempo, como ocurre siempre. "No soy escritor profesional, vivo de otros trabajos, pero escribo porque tengo la necesidad vital y la pasión de hacerlo. Ese es mi único motivo, que se agota en el hecho mismo de la escritura. Hasta ahí me sirve a mí mismo lo que escribo. Soy un poco indiferente al destino ulterior de mis poemas y novelas, aunque naturalmente también me gratifica mucho que ellos le gusten a quienes me lean".

Renato Ravelo