Doctores en Poesía


Azriel Bibliowicz


Miguel Antonio Caro

Belisario Betancourt

Ramon Cote

Creía que era 28 de diciembre. Día de Inocentes o, mejor, de inocentadas,  pues son tantos los que se dejan embaucar que, más que inocentes, son necios.  Al abrir el periódico brincó este titular: “Abren un posgrado para ser poeta”.
  Tan desfachatado el titular, y tan necia la propuesta, que eso tenía que ser una inocentada del periódico, que no era hoy el 30 de agosto sino el 28 de diciembre, que éste no podía ser El Tiempo, sino El Trompo, especie de caricatura que aquél publica siempre el Día de Inocentes, con igual tipo gráfico, pero lleno de chocarrerías y disparates, de noticias inverosímiles y desfachatadas, de facecias, destinadas a entretener a los lectores: ¡Pásela por inocente! Eso de estudiar para poeta, y sacar el consiguiente grado, no ha de ser solo un disparate sino un ¡pásela por inocente!, para que el grueso de los lectores, al ver burradas, tenga un rato de diversión.

En las siguientes páginas de El Trompo anticipado se podrían encontrar entonces noticias de este tipo, para regocijo del pávido lector: “Uribe recibe el Premio Nobel de la Paz”, “Arias, más conocido por el mote de El Duplicado, fue elegido Presidente de Colombia”, “Millos, campeón”, “Se descubrió petróleo en Sopó”, “Se certifica que el Dr. Ernesto Rojas Morales sí sabe contar”, “El Consistorio nombró Papa de Roma a aquél que fue conocido in illo tempore como El Papa de Barbosa”, “Los antioqueños no roban (Estudio de la Universidad de Lovaina)”, “Se comprobó que José Manuel Lara sí sabe escribir (incluso, editoriales)”. “En Firavitoba se descubrió una colonia de pájaros preñaos”, “En el río Medellín ya nadan sabaletas”.

Mientras más desatinada la propuesta, más insensato el razonamiento o su justificación; y entre más nombradía tenga el proponente, más disparatadas sus palabras. Eso de estudiar para poeta no es ocurrencia del notario de Pavarandocito, sino del eminente doctor Azriel Bibliowicz, quien ostenta el pomposo título de “Director de la Maestría en Escrituras Creativas” de la Universidad Nacional de Colombia, con sede en Bogotá. ¿Dónde darán el curso de escrituras no creativas? Dice el Maestro de Escritura, en El Tiempo, de fecha ya citada: “Es curioso que un país de poetas no tuviera (sic) un programa de poesía. Es como si en un país que se ufanara de tener grandes constructores no hubiera escuelas de ingeniería o (sic) de arquitectura”.

Ejemplo cabal, no ya de escritura no creativa, sino de razonamiento bizcorneto. Y de sandeces: ¿quién dijo que esto era un país de poetas? El que haya decenas, quizás miles, acaso millones, que escriben en líneas cortas (como decía el general Uribe Uribe) no los hace poetas, ni a éste, país de poetas. La poesía es otra cosa. Por ahora no se diga sino esto: la poesía es un misterio.

Informa el Maestro que se acaba de lanzar la línea de poesía (como si se tratara de una línea de calzoncillos boxer para físicoculturistas), “lo que significa que durante cuatro semestres una persona que quiera ser poeta podrá encontrar en esta maestría los elementos necesarios para serlo”. Como el palustre que se requiere para encalar un muro. Ya los graduados en poesía, con su cartón debajo del brazo, signado por la Ministra de Educación Nacional y el Rector de la Universidad Nacional, y el Gran Maestro Creativo, no se tendrá que desasosegar en una oficina de la tórrida Bolombolo para farfullir estos versos: Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa / dicen que soy poeta, cuando no porque iluso / suelo rimar –en verso de contorno difuso– / mi viaje byroniano por las vegas del Zipa. Aprenderán a componer en verso, no ya confuso, sino pulido y transparente. Y aburrido, por tanto. Otra garantía en la matrícula: “Compondrán su ópera prima con acompañamiento de los profesores”. Poesía a cuatro manos. Como el ternero de dos cabezas.
Ya se decía en otro tiempo: el talento no lo venden en las boticas. Y en el mismo, pero al modo finolis: lo que natura non dat Salamanca non prestat

Alberto Aguirre