Margarito cuellar

Mercado

Junto a corderos sacrificados y pollos sin ilusiones, entre CDs piratas y revistas de mujeres desnudas, ante la euforia del vendedor de flores y plantas milagrosas, te esfumaste, Señor. Entre mendigos, enfermos y extraviados a las puertas del templo te pienso lunes antes que amanezcas. Apresuro la marcha. Cruzo los hemisferios de la fe y en la otra orilla –sólo aire, Señor– moscas que ensayan su ballet en la basura. Si equivoqué de calle indícame el regreso, empezaré de nuevo
piedra sobre piedra a construir la casa. No te ofendas, Señor, sólo responde ¿es esta la belleza?

Almohada de plumas

Las almohadas de plumas vuelan de un edificio a otro, cansadas de soportar el mismo sueño. Las ramas de los árboles quisieran invitarlas a su fiesta, pero el cielo se nubla y el cantar de las gordas señoras se diluye en el viento.
“Pónganse a dieta, muchachas”, dice un gavilán. Ellas saben que una almohada flacucha es como un carnaval sin máscaras, y vuelven, vuelven a navegar la vieja cama, al afluente que habrá de desbordarlas sueño adentro.

Agustín Lara afina el piano

Los celos son la parte salada del mar
el lado ácido de las lágrimas, el nudo ciego del amor
comida echada a perder en la boda del diablo.
El problema es el ojo
el filtro que dice “oscuro” en vez de “luz”
“celos” en vez de “cielos”
“agujero negro” en vez de “estrellas”.

Naranjas

El jugo de una naranja es dulce, pero su cáscara amarga. Todo mundo lo sabe, aunque nadie es capaz de probar que la cáscara de una naranja es amarga. Hablemos de las semillas: piedra y alumbramiento. Una naranja es una constelación o una herida en el pecho. ¿Qué dicen del color? Una naranja es una travesura del sol, una pequeña trampa, boca líquida para morderse.

Ojos

El mundo lleno de ojos. Relámpagos minúsculos cintilan en la noche o parpadean en la luz. Algunos ven, otros nada más matan. Algunos miran hacia adentro, otros hacia ninguna parte. Vivo en una cárcel de ojos, como la letra de un bolero que resiste el olvido. Estar adentro es ir afuera. El habitante de unos ojos navega pequeñísimas barcas, cultiva jardines en miniatura, construye ciudades invisibles. Cuando me vaya extrañaré la casa, a pesar de ser cárcel tenía algo de calor. No sé si los ojos tienen ojas o ijos; tal vez haga un collar con ellos; quizá prepare una sopa de ojos. Del amor hablaremos mañana.


Margarito Cuellar (Monterrey, 1956), poeta y narrador, sus últimos libros de poemas son Cuaderno para celebrar (2000) y Plegaria de los ciegos caminantes (2000). Parte de su obra ha sido traducida al portugués, al inglés y al búlgaro.

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