Cuando en 1958 Gonzalo Arango Arias publicó su primer manifiesto, Colombia era ya un país en ruinas. La dictadura había concluido la tarea criminal de Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez y Roberto Urdaneta Arbeláez, y los partidos liberal y conservador, la más asesina y perversa de las oligarquías latinoamericanas que surgieron luego de la muerte del Libertador, se disponía a repartirse el presupuesto nacional y la libertad de asociación y expresión, de manera paritaria, en los futuros veinte años.. Leer más>>