Álvaro Mutis
1923

Aun cuando Álvaro Mutis nació en Bogotá, hijo de un abogado que había sido secretario de un presidente y luego de ingresar a la diplomacia, en 1925 viajó a Bélgica con su familia, como ministro consejero de la Legación en Bruselas, donde el futuro poeta viviría hasta los nueve años, cuando su padre murió, de repente, a la edad de 33.  Pero el personaje que mas debió influir en su formación de niño debió ser su madre, un ser muy especial. Según García Márquez,

“Estos exabruptos de Álvaro nos sorprenden menos a quienes conocimos y padecimos a su madre, Carolina Jaramillo, una mujer hermosa y alucinada que no volvió a mirarse en un espejo desde los 20 años porque empezó a verse distinta de como se sentía. Siendo ya una abuela avanzada andaba en bicicleta y vestida de cazador, poniendo inyecciones gratis en las fincas de la Sabana. En Nueva York le pedí una noche que se quedara cuidando a mi hijo de 14 meses mientras íbamos al cine. Ella nos advirtió con toda seriedad que tuviéramos cuidado, porque en Manizales había hecho el mismo favor con un niño que no paraba de llorar, y tuvo que callarlo con un dulce de moras envenenadas. A pesar de eso se lo encomendamos otro día en los almacenes Macys, y cuando regresamos la encontramos sola. Mientras los servicios de seguridad buscaban al niño, ella trató de consolarnos con la misma serenidad tenebrosa de su hijo: 'No se preocupen. También Alvarito se me perdió en Bruselas cuando tenía siete años, y ahora vean lo bien que le va'.”

La temprana muerte de su padre les hizo regresar a Colombia donde habitaron una hacienda en Coello, parte de la herencia que habían recibido del difunto. Allí, en ese lugar del trópico, parece haber surgido buena parte de la materia que nutre sus escritos.

Nocturno

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos,
ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
La lluvia sobre el zinc de los tejados
canta su presencia y me aleja del sueño
hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
en la noche fresquísima que chorrea
por entre la bóveda de los cafetos
y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.

Mutis nunca concluyó sus estudios, pero en Bogotá frecuentó a Eduardo Carranza, cuando era profesor de literatura en el Colegio del Rosario, regido por jesuitas, pero los billares de los cafés cercanos, el Europa y París, pudieron mas que las recitaciones del maestro. A los 18 años ya trabajaba como director de la Radio Nacional de Colombia y para 1948, según dice todo el mundo, publicó un libro que nadie ha visto nunca, porque habría desaparecido entre las batallas del 9 de Abril,  La balanza, en compañía de Carlos Patillo Roselli y con supuestas ilustraciones de Hernando Tejada. Luego ingresaría como publicista a la Compañía Colombiana de Seguros y a la empresa de aviación Lansa. Debido al manejo caprichoso de unos dineros de la multinacional Esso, en la que era jefe de relaciones públicas, se ve obligado a dejar Colombia y viaja a México en 1956, donde reside hasta nuestros días. A los tres años de su llegada a México, se hicieron efectivas las demandas en su contra y Mutis fue detenido en la cárcel de Lecumberri, durante 15 meses. A los pocos años de salir de la cárcel, se convirtió en gerente de ventas para América Latina de la Twentieth Century Fox, y luego de la Columbia Pictures, y continuó durante 23 años, hasta que en 1988 se jubiló. Mutis es quizás el escritor colombiano que mas premios ha recibido: Premio Nacional de Letras, Premio Nacional de Poesía , Premio de la Crítica "Los Abriles",  Comendador de la Orden del Águila Azteca, Premio Xavier Villaurrutia, Doctor Honoris Causa por la Universidad del Valle,  Orden de las Artes y las Letras, del gobierno de Francia, en el grado de Caballero, Premio Médicis Étranger, Premio Nonino, X Premio del Instituto Italo-Latinoamericano de Roma, Orden al Mérito,  Premio Roger Caillois, Gran Cruz de la Orden de Boyacá, Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio,Premio Grinzane-Cavour,Premio Príncipe de Asturias de las Letras,Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Premio Rossone d'Oro, Premio Ciudad de Trieste de Poesía, Premio Cervantes.

Tanto la llamada poesía como la prosa de Mutis son ejemplos flagrantes del arte de la sociedad de consumo. Un “arte” que vende el mejor de sus productos: el rechazo ramplón de lo que conocemos como modernidad, con sus ofertas de igualdad, libertad y fraternidad, consideradas por Mutis otras supersticiones de nuestro tiempo. Para él la literatura fue mera entonación o estilo, no comunicación. Heredero de la voz radial de Jorge Zalamea en sus traducciones de Perse, Mutis hizo de sus monodias presagio de la vacuidad, o como él prefiere llamarla: desesperanza. Desde Los elementos del desastre (1952), Reseña de los hospitales de ultramar (1959) y Los trabajos perdidos (1964)  es el asunto es lo mismo. [1] Decadencia, soledad, ruina física y moral, trivia, abulia, pocilgas, camastros, mendrugos, trapos y errancia son las rutas y geografías que recorre sin descanso, y sin que importe al lector, Maqroll El gaviero, sosías y único pretexto literario de Mutis. Todo ello singularizado en cafetales, techos metálicos donde retumban las lluvias, catres desvencijados que resisten la angustia de quien descansa en ellos, hoteles de puerto de mar o de tierra, trapiches, quebradas murmurantes, mujeres opulentas de baja o dilapidada condición, socavones de minas, frutas descomponiéndose por el horrendo calor que nos acosa por todas partes, viejos combatientes desamparados y perdidos, colegios, hospitales, etc. Y como en las óperas de magia, el cambio de telón apenas deja sospechar un cambio de escenografía: Bengala, Riga, Lisboa, Nueva Orleáns, Tashkent, Akaba, Caucasia, Alaska, Trinidad, Jamaica, Spira, Amberes, Cocora, Paramaribo, Hamburgo, Cádiz, Belem do Pará, etc., todos los caminos llevan a lo mismo. Quien maneja los hilos del místico aventurero Maqroll, y el aventurero mismo, nunca conocieron las gratificaciones de la salud corporal, del diálogo y el entendimiento, sólo la peste del cuerpo y el monólogo. Para ellos, avezados, acaso apenas importe reflejar en los Otros y ¿el lector? su chorro de voz y la miseria de sus recuerdos. Octavio Paz, reseñando Los elementos del desastre, resumió lucidamente ese mundo:

El paisaje espiritual y físico del Gaviero es insoportable de varias maneras. Enumeraré algunas: la precisión en el horror chabacano, la alianza del esplendor verbal y la descomposición de la materia, la descripción de una realidad anodina que desemboca en la revelación, apenas insinuada, de algo repugnante; la familiaridad con las imágenes desordenadas de la fiebre y, también, con las repeticiones del tedio y del aburrimiento; el gusto por las cosas concretas e insignificantes que, a fuerza de realidad, se vuelven misteriosas; la predilección por el encuentro de objetos cotidianos y vulgares en un escenario extraño, presencias que no dejan de producir escalofrío….”

Harold Alvarado Tenorio

Los trabajos perdidos

Por un oscuro túnel en donde se mezclan ciudades,
olores,tapetes, iras y ríos crece la planta del poema.
Una seca y amarilla hoja prensada en las páginas de
un libro olvidado, es el vano fruto que se ofrece.

La poesía substituye
la palabra substituye
el hombre substituye
los vientos y las aguas substituyen
la derrota se repite a través de los tiempos
¡ay, sin remedio!

Si matar a los leones y alimentar las cebras , perseguir
a los indios y acariciar mujeres en mugrientos solares
olvidar las comidas y dormir sobre las piedras... es la
poesía, entonces ya está hecho el milagro y sobran las
palabras.

Pero si acaso el poema viene de otras regiones,
si su música predica la evidencia de futuras miserias,
entonces los dioses hacen el poema. No hay hombres
para esta faena.

Pasar el desierto cantando, con la arena triturada en los dientes y las uñas con sangre de monarcas, es el destino de los mejores, de los puros en el sueño y la vigilia.

Los días partidos por el pálido cuchillo de las horas,
los días delgados como el manantial que brota de las
minas, los días del poema.....Cuánta vana y frágil materia preparan para las noches que cobija una lluvia insistente sobre el cinc de los trópicos. Hierbas del dolor.

Todo aquí muere lentamente, evidentemente, sin verguenza: hasta los rieles del tren se entregan al óxido y marcan la tierra con infinita ira paralela y dorada.

La gracia de una danza que rigen escondidos instrumentos.
La voz perdida en las pisadas, las pisadas perdidas en el polvo, el polvo perdido en la vasta noche de cálidas extensiones..... o solamente la gracia de la fresca madrugada que todo lo olvida.
El puente del alba con sus dientes y sombras de agria leche.

Poesía: moneda inútil que paga pecados ajenos con falsas intenciones de dar a los hombres la esperanza. Comercio milenario de los prostíbulos.

Esperar el tiempo del poema es matar el deseo, aniquilar las ansias, entregarse a la estéril angustia.....y además las palabras nos cubren de tal modo que no podemos ver lo mejor de la batalla cuando la bandera florece en los sangrientos muñones del príncipe.
¡Eternizad ese instante!

El metal blando y certero que equilibra los pechos de incógnitas mujeres es el poema
El amargo nudo que ahoga a los ladrones de ganado cuando se acerca el alba es el poema
El tibio y dulce hedor que inaugura los muertos es el poema
La duda entre las palabras vulgares , para decir pasiones innombrables y esconder la vergüenza es el poema
El cadáver hinchado y gris del sapo lapidado por los escolares es el poema
La caspa luminosa de los chacales es el poema

De nada vale que el poeta lo diga.....el poema está hecho desde siempre. Viento solitario. Garra disecada y quebradiza de un ave poderosa y tranquila, vieja en edad y valerosa en su trance.

Álvaro Mutis

  • Bibliografía de Álvaro Mutis
    Obra literaria, Bogotá, 1985
  • Bibliografía sobre Álvaro Mutis
    Poesía y prosa de Álvaro Mutis, obra preparada e impresa por Santiago Mutis Duran, Bogotá, 1982. Mutis Durán, Santiago: Tras las rutas de Maqroll el Gabiero, Cali, 1988.
  1. En Caravaransy: hastío y terror, José Miguel Oviedo sostiene que "En su ensayo sobre la poesía de Mutis, J. G. Cobo observa sagazmente que "todos sus poemas revelan la misma actitud" y que, animados por una idea fija, "todas las palabras empleadas en el fondo son iguales ya que es uno mismo el sentido que se les otorga..." Cierto: Mustis es uno de esos poetas que, a cualquier edad, escriban lo que escriban, dicen siempre lo mismo...", en Escrito al margen, Bogotá, 1982.  Cobo Borda (Historia de la poesía colombiana, Bogotá, 2004) ha descubierto, además, que “Un libro de Enrique Molina, Costumbres errantes o la redondez de la tierra, aparecido en 1951, manejaba los mismos tópicos de Mutis, también a partir de una raíz afincada en el Neruda de Residencia en la tierra, Perse y el surrealismo, y llegaba a idéntica conclusión, en ambos casos tan personal como propia. Si el fragmento último de Mutis, formaba parte de un poema titulado Los trabajos perdidos, el de Molina, a su vez se titulaba Los trabajos de la poesía”.